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Infidelity by omeletteman
Conocí a Pierina en una de esas noches en que
quiero recordar todos los detalles, pero que lamentablemente no puedo. Lo que
sí recuerdo era el par de deliciosas piernas tras ese corto vestido, aquel
vestido que me demarcaba sus peligrosas curvas rumbo a la gloria junto a mi
cuerpo al bailar. Así, pues, la conocí y amé en una discoteca de Miraflores.
Claro que no todo quedó ahí, salimos, la conocí a profundidad, formalizamos y,
bueno, la seguía amando después de eso.
Lo sé, cariño. Esas maletas me muestran que
te vas de la casa. Está bien, comprendo que estas con la cabeza caliente, que
mi declaración de infidelidad te saca de tus cabales, que quieras matarme en
estos instantes; sin embargo, lo que no entiendo son las lágrimas que estas
derramando. Tú sabías que esto se venía hace mucho tiempo y bien merecido te lo
tenías.
O no te acuerdas de aquella vez que te
inmiscuiste dentro del baño de la discoteca de moda en Barranco junto con el
idiota por el que babeabas en la clase de Contabilidad. Creíste que no me iba a
enterar cuando, en realidad, medio Lima estaba viendo tu promiscuidad. Lo peor
de todo es que luego de hacer “sabe dios que” con ese tipo, viniste a mi para
que te compre un Sex on the beach porque tenías sed.
Eso no fue lo único...
No creas que no me enteré de la “aventurita”
que tuviste con el profesor de Literatura. Sí, lamentablemente, a pesar de mis
claras advertencias acerca del muy zorro que pedía “favorcitos” a sus alumnas
para aprobar un curso tan subjetivo como ese, te fuiste a su despacho y lo
único que vieron era como tu cabeza descendía tras su escritorio. No pongas esa
cara, que sabes bien que es verdad y que me lo dijo su propia secretaria, quien,
por si te interesa, se llama Raquel y, sí, también alguna vez me la encontré en
una de esas noches que quiero recordar completas, pero no puedo. Por si acaso,
tus “amiguitas” de la Universidad también pasaron por su despacho, querida.
No queda ahí y tú lo sabes...
Si pensabas que no iba a saber lo que pasó
con ese tal Ricardo estabas equivocada. Eso de que es “mi mejor amigo” no se lo
traga nadie; o en eso pensaste cuando le gritabas “sigue, maldición” o le
explicabas que “no va a llegar en un buen rato, házmelo de una vez” cuando
pensaste que estaba en una reunión de trabajo, pero en realidad estaba afuera
del departamento escuchando sus actos libidinosos y profanos.
Luego comenzaste a trabajar ¿Verdad?...
No sé si sabes pero te vi entrando en aquel
hotel barato de la avenida Cannevaro con tu jefe, ese cuarentón casado con cara
de enfermo. Dime, ¿Pensaste en sus dos hijos? ¿En su esposa? ¿Qué sentiste
cuando se quitaba el anillo de matrimonio? En verdad creías que no lo sabía, la
gente observa, cariño, y tú no eres nada discreta.
Ahora no lograrás convencerme de que no haz
hecho nada. Sé que estas atemorizada. Que cómo se tanto. Que carita tienes, por
Dios. ¡Párate! Que de nada servirá que te arrodilles. La decisión esta tomada y
no hay vuelta atrás, todo se ha consumado. Como dice Sabina, a este punto final
ya no le quedan puntos suspensivos.
No te basta con eso ¿Una más? ¿Recuerdas
aquel viaje que hicimos a Piura por tus vacaciones? Seguro que también
recuerdas a Gianfranco, el chico “bien amable” del hotel que nos atendió en Máncora.
Bueno, yo recuerdo que tuve que salir de urgencia hacía Sullana por un encargo
familiar, cuando de repente me llamaron del hotel al celular porque no
contestaban el teléfono del cuarto para decirme que baje los ruidos de la
habitación, que este era un hotel respetable, que se respetaba la privacidad de
los hospedados, pero los ruidos que estaban saliendo del cuarto hacía la suite
familiar donde se encontraba hospedada una familia humilde de la sierra eran
demasiado altos. Supe que Gianfranco estaba mostrándote “algo más” que la
habitación.
Sí, cariño. Pensaste que era un huevonazo,
que nunca me enteraba de nada, pero no. Nunca fue así y, sí, lo sé todo.
Que yo también lo hice, pero lo hice como
consecuencia de tus “mil y una noches”. No tengo por qué arrepentirme pues hace
meses que dejamos de ser lo que éramos y el amor se fue por aquella puerta. Que
no debí, que soy de lo peor; cariño, no necesito decírtelo. ¿Donde haz estado
todos estos días? ¿Crees que no sé por qué llegas tarde todas las noches?
¿Trabajo? Si, cariño trabajo duro y arduo con el tipejo nuevo del área de
finanzas de la compañía. Y por eso el encargado de limpieza encuentra condones
usados en tu escritorio, tras tus reuniones con el área de Finanzas.
Todo lo que he dicho hasta ahora es poco ¿En
serio, piensas que me creo que esas lágrimas que tienes en los ojos son de
verdadera pena? ¿Eso pensaste cuando estuviste con ellos? Ahora pides perdón
¿De qué vale? ¿Crees que soy estúpido? ¿Que vas a cambiar, dices? No, cariño,
llegó tu hora. Nunca más. ¿Que no vas a poder vivir sin mi? ¿Que no tiremos
esto a la borda? Ja ja ja.
Ahora me gritas, claro, como siempre. Me
intentas voltear todo ¿Verdad? Ese es el inicio del final, tu desesperación. Es
mejor que te calles y no hagas más escándalo, cariño. La vida continúa, no
puedo decir que la tuya continué bien, pero la mía irá de lo mejor, lo sé. No
puedo decir eso de la tuya, lo siento, cariño.
Veo que haz terminado de alistar tus maletas,
y ya te empiezas a maquillar, tú la que siempre aparenta, nunca cambias. Hazme
un favor, al salir, dile a Pierina que pase pues este es su nuevo hogar.
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